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	<title>El Everest &#8211; Ranquel FM</title>
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		<title>Un apicultor, un sherpa y la conquista del Everest: el día en que el techo del mundo fue explorado por primera vez</title>
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		<pubDate>Thu, 29 May 2025 13:30:18 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Variedad y Turismo]]></category>
		<category><![CDATA[29 de mayo de 1953]]></category>
		<category><![CDATA[Edmund Hillary y Tenzing Norgay]]></category>
		<category><![CDATA[El Everest]]></category>
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					<description><![CDATA[El 29 de mayo de 1953, dos hombres se detuvieron en lo más alto de la Tierra. Edmund Hillary y Tenzing Norgay alcanzaron la cima de la montaña más alta del mundo, tras décadas de intentos fallidos y muertes. El Chomolungma -como la llaman los tibetanos: la diosa madre del mundo– tenía ya una larga &#8230;]]></description>
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<p>El 29 de mayo de 1953, dos hombres se detuvieron en lo más alto de la Tierra. Edmund Hillary y Tenzing Norgay alcanzaron la cima de la montaña más alta del mundo, tras décadas de intentos fallidos y muertes. El Chomolungma -como la llaman los tibetanos: la diosa madre del mundo– tenía ya una larga lista de víctimas.</p>



<p>Había tanto silencio allá arriba que costaba saber si el corazón latía por el esfuerzo o por la gloria. El 29 de mayo de 1953, a las 11:30 de la mañana, dos hombres se detuvieron en lo más alto de la Tierra.&nbsp;Edmund Hillary, apicultor y montañista neozelandés, y&nbsp;Tenzing Norgay, sherpa nepalí con décadas de experiencia en el Himalaya, se abrazaron a 8.848 metros de altura, en la cumbre del monte&nbsp;Everest. La nieve bajo sus pies no había sido pisada nunca antes por ningún ser humano. Aquel día, por primera vez en la historia, alguien había conquistado el techo del mundo.</p>



<p>No hubo bandera clavada con dramatismo cinematográfico. No hubo discursos. Apenas fotos, unos minutos de celebración con oxígeno racionado y el cielo tan cerca que dolía. Y luego, el descenso. Porque en la montaña, llegar es sólo la mitad del camino.</p>



<p>La idea de conquistar el Everest –el Chomolungma, como lo llaman los tibetanos: la diosa madre del mundo– tenía ya una larga lista de víctimas. Desde 1921, cuando los británicos comenzaron a explorar rutas de ascenso, hasta esa mañana de mayo en 1953, el Everest había derrotado a más de una docena de expediciones. En 1922, un grupo británico hizo el primer intento formal, pero una&nbsp;avalancha&nbsp;mató a siete sherpas. En 1930 comenzaron a ensayarse otras rutas, sin éxito. En 1952, el suizo Raymond Lambert y el propio Tenzing llegaron a 8.595 metros, lo más cerca que alguien había estado de la cima. Pero el intento más legendario fue el de 1924, cuando George Mallory y Andrew Irvine&nbsp;desaparecieron en las alturas. ¿Llegaron o no a la cumbre antes de morir? Nadie lo sabe. El cuerpo de Mallory fue encontrado 75 años más tarde, congelado en la nieve, a 800 metros de la cima, sin señales de haberlo logrado. Por eso, la historia reconoce a Hillary y Tenzing como los primeros seres humanos en llegar a la cima del Everest y&nbsp;regresar con vida para contarlo.</p>



<p>Para el mundo occidental, el Everest era mucho más que una montaña. A partir de los años 20, escalarlo se volvió una obsesión imperial: una forma de demostrar que, incluso después del derrumbe de viejos imperios, los británicos aún podían conquistar lo inconquistable. La geografía ayudaba: al estar entre Nepal y el Tíbet, y fuera del alcance de otras potencias, el Everest era un blanco simbólicamente perfecto para demostrar tenacidad, coraje y poder técnico.</p>



<p>En 1953, el mundo aún se sacudía del polvo de la Segunda Guerra Mundial. Inglaterra, empobrecida pero con un imperio simbólico que resistía en geografías tan distantes como la India y Nepal, organizó una nueva expedición. La&nbsp;coronación&nbsp;de la joven reina Isabel II estaba prevista para el 2 de junio, y la hazaña de conquistar la montaña más alta del mundo podía ser un regalo inesperado para el imperio en retirada.</p>



<p>El líder de la expedición era el coronel John Hunt. El grupo, compuesto por más de 400 personas entre montañistas, científicos y sherpas, llevó toneladas de equipamiento a través del glaciar Khumbu. El plan era trabajar en equipo para establecer campamentos en altura y permitir que dos cordadas intentaran la cima.</p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img fetchpriority="high" decoding="async" width="700" height="419" src="https://ranquelfm.com.ar/v2/wp-content/uploads/2025/05/202346_1748520808_484.jpg" alt="" class="wp-image-4718" srcset="https://ranquelfm.com.ar/v2/wp-content/uploads/2025/05/202346_1748520808_484.jpg 700w, https://ranquelfm.com.ar/v2/wp-content/uploads/2025/05/202346_1748520808_484-300x180.jpg 300w" sizes="(max-width: 700px) 100vw, 700px" /></figure>



<p>El primer intento, realizado por Tom Bourdillon y Charles Evans, fracasó a menos de 100 metros de la cumbre. El oxígeno no alcanzaba, y la tormenta amenazaba. El turno siguiente era para el dúo que venía destacándose por su resistencia: Hillary, de 33 años, y Tenzing, de 39.</p>



<p>Edmund Hillary&nbsp;era alto, huesudo, con una nariz prominente y una sonrisa tímida. Había crecido en una granja en&nbsp;Nueva Zelanda&nbsp;y se había formado en las montañas del sur del país, donde aprendió a caminar sobre hielo y a respetar la fuerza del viento. Después de servir en la Segunda Guerra, se dedicó con pasión a la escalada.</p>



<p>Tenzing Norgay&nbsp;era distinto. De origen sherpa, había nacido en el pueblo de Thame, cerca del Everest, y desde joven había trabajado como porteador para las expediciones occidentales. Los sherpas son un grupo étnico del Himalaya, originario del este de Nepal, conocidos por su increíble resistencia física y su vínculo espiritual con las montañas. Aunque el término se extendió a todo guía de altura, el&nbsp;sherpa&nbsp;pertenece a una cultura milenaria con lengua, religión y tradiciones propias. En las expediciones al Everest, suelen ser los encargados de cargar equipo, montar campamentos y abrir rutas, aunque durante mucho tiempo fueron considerados meros ayudantes, y no protagonistas. Tenzing había participado en seis intentos previos de ascenso. Su rostro moreno, su andar firme y su conexión ancestral con la montaña lo convertían en un guía insustituible.</p>



<p>La madrugada del 29 de mayo, partieron del campamento IX, a 8.500 metros. Tenían sólo unas horas de oxígeno, dos cámaras fotográficas y el peso de la historia sobre sus espaldas.</p>



<p>El ascenso final era traicionero. A esa altitud, conocida como la “zona de la muerte”, el oxígeno escasea tanto que el cuerpo comienza a apagarse: cada paso requiere un esfuerzo titánico, la concentración se nubla y los errores se pagan con la vida. El viento helado podía cambiar en segundos, y cualquier detención prolongada ponía en riesgo el éxito y la supervivencia.</p>



<p>Pasaron por una grieta casi vertical que luego sería conocida como la “Escalera de Hillary”, una pared de hielo que obligó al neozelandés a tallar escalones con su piolet. Tenzing lo siguió con una cuerda y una sonrisa. Más arriba, la pendiente se suavizó.&nbsp;A las 11:30, estaban en la cima.</p>



<p>“El cielo era de un azul brillante, y el mundo, bajo nuestros pies, parecía suspendido en la nada”, escribió Hillary años más tarde. Tenzing sacó dulces de su bolsillo y los ofreció a la montaña como ofrenda espiritual. Hillary sacó fotos. Se abrazaron. Y empezaron a bajar.</p>



<p>El descenso fue igual de extenuante.&nbsp;La mayoría de las muertes en el Everest ocurren al bajar, cuando el cuerpo ya está agotado y la euforia puede cegar el instinto de supervivencia. Pero Hillary y Tenzing lograron regresar al campamento alto con vida, y ese fue, quizás, su mayor triunfo.</p>



<p>El éxito se conoció días después. El 2 de junio, mientras en Londres se coronaba a Isabel II, los diarios británicos publicaban en portada:&nbsp;“El Everest ha sido conquistado”.</p>



<p>Para el mundo, Hillary y Tenzing se volvieron héroes. Pero el modo en que se narró la hazaña no fue ajeno al contexto geopolítico. La prensa occidental destacaba a Hillary como el gran conquistador, relegando a Tenzing a un rol secundario de ayudante. En Asia, fue al revés: Tenzing era el hombre que había guiado a un extranjero a la cumbre de su montaña sagrada.</p>



<p>Durante años, ambos esquivaron la pregunta de quién puso el primer pie en la cima. En su autobiografía de 1955, Tenzing escribió que lo habían hecho juntos. Y Hillary, pragmático, dijo una vez: “No importa quién llegó primero. Lo importante es que llegamos juntos”.</p>



<p>El Everest se convirtió, desde entonces, en un símbolo de superación. Pero también, con los años, en un&nbsp;destino turístico extremo, con cientos de escaladores por temporada y colas para llegar a la cima. Hoy, más de 6.000 personas han alcanzado el punto que Hillary y Tenzing pisaron en soledad. Hay basura, cuerpos congelados que nunca pudieron ser bajados, y una industria que convierte en negocio lo que alguna vez fue una epopeya espiritual.</p>



<p>El Everest sigue ahí, inmutable, indiferente al esfuerzo humano. Pero los que lo intentan, los que se atreven a mirar hacia arriba y dar el primer paso, nunca regresan siendo los mismos. Esa es, quizá, la verdadera cima.</p>



<p>Pero el 29 de mayo de 1953 todavía brilla con otra luz. Fue el día en que dos hombres de mundos distintos –uno blanco, occidental, educado en la Commonwealth; el otro asiático, criado entre las montañas, sin títulos ni fama– se miraron a los ojos, compartieron una cuerda, y demostraron que los imposibles también se escalan.</p>



<p>INFOBAE</p>
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