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Campi, sobre el desafío de «Papá por siempre»: “La incomodidad me lleva a lugares nuevos”

Con mucha experiencia en hacernos reír, Campi ahora se subió a otro desafío: protagonizar «Papá por siempre» en el teatro. Una charla sin máscaras, sobre el humor como herramienta vital y la incomodidad creativa a la hora de reinventarse.

Campi atraviesa un momento de desafío y expansión. Con una carrera atravesada por el humor, la observación filosa y personajes inolvidables, el actor de las mil caras se anima hoy a salir de su zona más conocida para ser el protagonista de Papá por siempre, la versión en comedia musical del clásico cinematográfico interpretado por Robin Williams. Íntimo, lúcido y entrañable, Campi nos demuestra que detrás de cada máscara hay una búsqueda genuina por seguir aprendiendo. 

¿Cómo te agarramos en este principio de año?  

Y, me agarrás con un desafío nuevo grande, con esto de hacer una comedia musical. Yo suelo agarrar laburos incómodos, ¿viste? Pero este…, ¡wow! 

¿Por qué te gusta la incomodidad?  

Porque me lleva a lugares nuevos y aprendo mucho. A mí me gusta mucho mi laburo, me gusta aprender todo el tiempo y no me va a alcanzar la vida. Y no me cuesta nada hacer mi personaje Jorge y contar chistes y traer el sueldo a mi casa…, pero eso lo sé hacer y funciona. Me divierte agarrar calles que no conozco, ¿a ver a dónde me lleva esta calle? 

¿Y cuál sentís que es el desafío más fuerte al que te expone Papá por siempre? 

Mirá, tengo que cantar, tengo que bailar, tengo que actuar. Son los tres lenguajes juntos, es muy jugado para alguien que no lo hizo nunca. Yo hice comedia musical hace 35 años, cuando era muy pibe, pero nunca más hice. Aparte, es una obra que tiene muchos colores, tiene drama, tiene comedia, porque es básicamente una comedia, pero tiene momentos dramáticos muy fuertes y emotivos.  

Y aparte también tomando un personaje tan icónico que quedó inmortalizado por Robin Williams. ¿Vos tenías alguna admiración particular por él?  

Sí, a mí me gustan mucho los comediantes, y él era un comediante. ¿Por qué pasa esto? ¿Por qué lo respeto tanto? Porque tocan las dos notas muy bien… Un comediante haciendo drama es muy bueno, por lo general. A la inversa no se da tan fácilmente. Robin Williams es un vivo reflejo de lo que estoy diciendo. Él hace muy bien drama y comedia. Lo hemos visto en cosas jugadas tanto en comedia como en drama y es buenísimo. Ahora, a mí haciendo esto…, ¿qué me pasa? ¡Nada, porque no soy consciente! Yo hago mi laburo y no pienso. Vengo de hacer Esperando la carroza, un personaje que creó mi amigo Antonio Gasalla y yo lo hice inconscientemente. Tengo que hacer este laburo como actor y no soy muy consciente… Si no, calculo que me daría miedo estar a la altura. Todas esas cosas me dan mucha presión. 

Preferís quizás hacer tu propia búsqueda de esos personajes. 

Sí, mi propia búsqueda medio inconscientemente, pero basándome en lo que han hecho ellos, ¿viste? Porque el público también quiere ver eso, ¿no? Cuando me vinieron a proponer, por ejemplo, Esperando la carroza, yo le dije a Gustavo Yankelevich: “Voy a hacer mi versión de Mamá Cora”. Después hice el ejercicio de imaginarme, sentarme y ver una Mamá Cora distinta, con rulos…, y me sentí defraudado. Mi propuesta era buena, pero a los primeros 15 minutos yo quería ver a Mamá Cora. Y con Mrs. Doubtfire es lo mismo, la gente la tiene ya, no me puedo alejar mucho de ahí. Yo puedo poner mi historia, mi cosa como actor, pero no me voy a ir lejos de lo que él inventó.  

Y yendo al proceso creativo, ¿es más fácil para vos imitar o crear personajes propios nuevos?  

Es que los personajes propios nuevos, por lo general, los saco de imitaciones de gente que el público no conoce. Jorge, que es un personaje propio, sale del papá de un amigo mío. El otro que yo hago que come mandarinas, el negro Mario, es un vecino mío de Parque Patricios. El domador de ñandús, mi personaje gaucho, es un loco que yo conozco de Entre Ríos, de Colón. Es toda gente que conozco, ¿entendés?, pero como la gente no los conoce, dice: “Es un personaje propio”, pero lo saqué de gente que existe.  

¿A quiénes mirabas o como quién querías ser cuando eras chico? 

Yo quería ser como Carlitos Balá. Ahora de grande quiero ser como yo, como nadie, pero hay mucha gente que me vuelve loco. Steve Martin me encanta, Robin Williams me encanta. Ayer le mostraba Urdapilleta a mi hija, que me encanta y yo lo conozco desde el under, y le decía: “Che, atenta a este hombre que era un actorazo, poneles atención a los lauros que hacía porque era un comediante que hacía drama increíblemente bien”. Hay mucha gente buenísima. 

¿Cambió la forma de hacer humor en el último tiempo?  

Todo el tiempo está cambiando eso. Porque la sociedad está en movimiento y está buenísimo que pase. El problema es cuando no cambia el humor, cuando nos seguimos riendo de lo mismo y eso quiere decir que han pasado 40 años en una sociedad que está estancada. Que ahora no nos riamos del gordo está buenísimo. Quiere decir que hemos madurado como sociedad, nos reímos de otra cosa.  

Y nos reímos a pesar de que vivimos momentos difíciles para hacer humor, pero siempre funciona como una válvula de escape en los momentos de crisis…  

El humor siempre se agradece, en un velorio, sobre todo, ¿no? Es como un respirar hondo. 

¿Y de qué te salvó a vos el humor?  

De un montón de cosas, de que me hicieran bullying en el colegio, de ser virgen (risas). Es que es un arma de seducción también.  

¿Levantabas mucho a través del humor? Con Denise, ¿te pasó? 

Sí, sí, sí claro… (risas) 

Hay una anécdota sobre que vos la conocés con la máscara de Giordano. 

Sí, yo estaba por hacer el desfile de Giordano en lo de Tinelli y justo vino ella de invitada. Y de la nada empecé ahí a hacerme el lindo, pero debajo de la máscara de Giordano. Yo decía: “¿Esta mujer sabrá quién está acá abajo?”. ¡Yo me dejé la máscara como 1 año y medio! (risas).  

La máscara a veces también como que ayuda, ¿no? Te debe pasar en la vida. 

Sí, claro. Yo me animo mucho a un montón de cosas detrás de un personaje, si no, no. Yo veo cosas que he dicho al aire o a gente en programas en vivo con un personaje, que yo no me animaría nunca. Qué sé yo, le pregunté a Tinelli si tenía tatuado el pirulín. ¿Entendés? Y es amigo y todo, pero yo no me animaría a preguntarle eso. Pero Jorge se lo preguntó.  

¿Y qué te gusta del humor que ves hoy en YouTube, en streamings? ¿Qué observás de los nuevos comediantes? ¿Hay alguno en particular que te guste? 

Sí, hay muchos que me gustan. Me gusta la falta de cuidados, ahora es todo muy improvisado y eso está muy bueno. No hay tanto de “¿cómo está la luz?, ¿cómo está esto? Escribamos un guion”, es todo mucho más improvisado y tiene una impronta que viene a sumar. Hay cosas que también no tiene, como el pensar algo con remate y qué sé yo. Ahora es como “bueno, esto es gracioso y listo”, suma. Pero las dos cosas juntas combinadas me parece que realmente llegan a un lugar buenísimo.  

El año pasado interpretaste a Domingo Cavallo en la serie Menem, que ya lo habías hecho en comedia. ¿Cómo fue para vos ese pasaje en personajes que uno ya tiene en la cabeza?  

Fue un laburo distinto, porque a mí me tocó hacerlo en comedia en Gran Cuñado, en el programa de Tinelli. Y ese laburo a nivel actoral era como hacer una caricatura, y el de la serie es un retrato. Es distinto el trazo del lápiz que uno hace. En la caricatura es más grueso, si la oreja es más grande, se la agrandás más. En el retrato tiene que ser como más fiel a lo que es realmente el original. Y lo agarré por eso, hablando de laburos incómodos. Porque yo ya esto lo había hecho, y quería ver si hacía la misma canción, pero en otra versión…, un jazz en vez de una versión tango. Y bueno, me gustó porque pude hacer las dos versiones de un mismo personaje.  

¿Te gusta el drama? Así como hiciste, por ejemplo, al papá de Fito en la serie de Netflix. ¿Es un lugar donde que querés seguir explorando?  

Me encanta el drama. Yo me formé en el drama, pasa que después me especialicé en la comedia. Y la elegí como para transitar y analizar, ¿viste? Soy el director artístico del Festival Internacional de Humor de Argentina desde hace años, sé mucho de comedia, pero yo me formé en el drama y me gusta hacer drama. A mí me gusta mi versión dramática del laburo… Porque la vida también es eso, ¿no? Las 24 horas de uno tienen las dos situaciones, tenés comedia y drama constantemente.  

Contame un poco del vínculo con tus hijos, ¿qué te gusta compartir hoy con ellos?  

Son cuatro, los dos más grandes son del primer matrimonio de Denise. Vivimos con los cuatro. Mis hijas tienen 18 y 13. Las dos estudian teatro: una quiere ser escenógrafa y directora y la otra quedó en Annie, estudia teatro también desde hace rato. Se quiere dedicar a otra cosa, pero le encanta el teatro, ¿viste? Y tenemos bastantes charlas de teatro, de actuación, es como un lugar común que nos gusta mucho. Yo las traté de empujar para otro lado (risas), que estudien Medicina, hice todo lo posible.  

Pero bueno, la sangre tira…  

Sí, yo creo que sí. Y después, cuando vi que yo las empujaba y volvían para acá, dije: “Bueno, acompañémoslas”. Y acá estamos acompañando.  

¿Se te cae la baba cuando hablás de ellas? 

Sí, pero con todo lo que hagan. La otra hace cerámica y cada vez que trae una taza se me cae la baba también. Me encanta porque mejoran lo que uno les enseña todo el tiempo, ¿viste? Uno quiere que los hijos te superen, y a mí me superan.  

Y vas a cumplir 20 años ya con Denise… ¿Cuál sentís que es la llave que ustedes encontraron para seguir renovando votos? 

Sí. Es un montón, 20 años. Y lo hablamos hace poquito con ella. Yo creo que la clave es no dar por sentado que ella está conmigo. Yo no doy por sentado eso, ¿viste? Entonces hay cuidados que tengo que tener. Yo no tengo nada firmado de que va a estar toda la vida conmigo, se puede enamorar de otro e irse. Yo creo eso y puede pasar a la inversa. Íntimamente, y no se lo digas: ¡de mi parte no creo que pase! Pero está bien que no lo dé por sentado, así tiene ciertos cuidados.  

Está bueno eso de mantener ese pequeño riesgo. 

Claro. Y aparte tener las reglas del juego claras. Hay lugares que nosotros no vamos a pasar por más que discutamos, hay límites que no se pasan. Yo cuando empecé con ella me hice el canchero y le dije: “Bueno, si querés estar con otro…”. Y la otra me dijo: “A vos te corto las pelotas…”. Se escribieron las reglas de la pareja así, “te corta las pelotas, listo, este es un límite”. Vos armás unas reglas del juego con tu pareja y si las respetás… A mí me funciona. Viene funcionando súper.  

¿Sos creyente?  

Yo creo en un Dios, en una fuerza superior. Soy católico, porque somos familia de descendencia italiana, qué sé yo. Pero mi Dios es el mismo que el del resto de las religiones. O sea, cuando nos vayamos para el otro plano, vamos a estar todos en la misma cola para entrar, ¿viste? Y vamos a decir: “Uy, mirá, discutíamos porque el mío era con barba, el tuyo no, el mío era pelado”. Y era el mismo Dios. Yo estoy convencido de eso. Pero sí, todo el tiempo veo señales. Es muy lindo este planeta, la verdad. Esto donde estamos parece muy lindo como para que sea una casualidad.  

¿Y qué es lo último que aprendiste sobre vos?  

¡No me gusta sacarme fotos en cuero, lo aprendí hace 15 minutos! (Risas). Me incomoda, pero porque no tengo una máscara. Si me ponés una peluca, yo te puedo salir en culo, no tengo problema. Pero así es como que estoy muy expuesto.  

Nuestro título de tapa tiene que ver con cultivar la alegría. ¿Cómo cultivás la alegría en tu vida? 

Yo me casé con una mujer muy alegre, entonces me hace mucho más fácil el camino para cultivar la alegría. Me parece que me fue fundamental eso, ¿no? Elegir bien la compañera. Denise es muy alegre y es muy positiva, ¿viste? En las lecturas de todo.  

¿Vos sos más negativo? 

Yo soy más dramático, no digamos negativo. Más realista, podríamos decir. Pero ella tiene una forma que es: “Uy, sí, no sé si tiene razón, pero está buenísimo”. 

¿Y qué soñás para este 2026 en lo personal?  

Sí, que salga lindo el desafío de Papá por siempre es un lindo deseo. Y deseo que empiece todo a mejorar, eso deseo. Estoy atento y estoy confiado, qué sé yo. Siempre estoy esperanzado. 

¿Dónde ver a Campi en el teatro? 

Una escena de "Papá por siempre".

«Papá por siempre» es la versión musical de la película protagonizada por Robin Williams en 1993. – Créditos: Gentileza Prensa

Papá por siempre lleva al teatro una de las historias más entrañables del cine: la aventura de Daniel, un papá que, tras perder la custodia de sus hijos, decide transformarse en la señora Doubtfire para recuperarlos. 

El elenco se completa con Dani “la Chepi”, Albana Fuentes, Pablo Albella y un grupo de niños y niñas que reflejan el espíritu de los grandes musicales familiares. 

De martes a domingo en el Teatro Liceo. Entradas desde $30.000. 

Más info: @papaporsiempre.arg. 

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