
Entre vestidos de lujo y miradas gélidas, la secuela encuentra su verdadero tema: Sobrevivir a un periodismo que se desmorona.
Hay una decisión clara desde el inicio: The Devil Wears Prada 2 ya no quiere repetir la fantasía aspiracional de su predecesora. La mantiene en la superficie, sin embargo, instala debajo otra conversación más interesante y profunda sobre el fin de una industria.
En primer lugar, el mundo de Runway (la revista de moda ficticia inspirada en Elle y Vogue y creada por la periodista Lauren Weisberger para tres de sus novelas), ya no impone tendencia sino que reacciona a ella. La revista persigue clics, ajusta presupuestos y responde a intereses corporativos. Además, el poder editorial se diluye y ya la decisión final no recae en el editor jefe sino en unos ejecutivos y magnates que nunca han pisado una sala de redacción. Esa tensión es el verdadero motor del relato.
Andy Sachs, la periodista con una inmensa necesidad de validación interpretada por Anne Hathaway, regresa a la revista Runway no porque quiera, sino porque no tiene dónde más ejercer su oficio. Su carrera en el periodismo serio colapsa junto con el medio que la sostenía con despidos por mensaje, redacciones vacías y proyectos inviables. Entonces vuelve a aparecer Miranda, la editora jefa, encarnada magistralmente por Meryl Streep, y con ella, una oportunidad que también es una trampa.
Ya no se trata de aprender sobre el mundo de la moda. Se trata de sobrevivir dentro de un sistema donde escribir bien no garantiza nada.
Uno de los conflictos medulares que la película trabaja es el de la profundidad periodística contra la lecturabilidad. A Andy le señalan que sus textos son inteligentes e incluso brillantes, pero que no funcionan en términos de tráfico y número de lectores.
La película se apoya en ese contraste. Por un lado, entretenimiento puro con vestuario, viajes, Lady Gaga y diálogos cínicos y graciosos. Pero por otro lado, introduce un discurso sobre precarización, concentración de medios y pérdida de criterio editorial. Según cómo se mire, ese equilibrio funciona.
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