
Estrenó “La generación cansada”, la obra teatral y performática de Mariela Asensio que le pone cuerpo a la exhibición frenética de los vínculos sexoafectivos virtualizados. En un espacio copado por el mandato imperioso de superación personal, la pieza entrecruza humor, Inteligencia Artificial, filosofías varias y un puñado de tragedias cotidianas.
Navegando entre la desesperación, la ansiedad, el humor corrosivo y el existencialismo filosófico del siglo XXI, llegó a las tablas “La generación cansada”, la obra teatral escrita y dirigida por la actriz, performer, dramaturga, directora y docente Mariela Asensio con protagónicos de Valentino Alonso, Leandro Cóccaro, Cecilia De Paoli, Paco Gorriz, Eug Krla, Constanza Molfese, Federica Presa, Muriel Sago, Pablo Toporosi y Caro Wolf.
Posicionada entre la hibridación de los mundos digital y analógico, la inteligencia artificial y la capacidad humana de adaptación y rechazo, la obra muta constantemente en un amplio espacio en donde lxs intérpretes deambulan, cantan, gritan, se desahogan y consultan a una Inteligencia Artificial en vivo para intentar sujetar el rumbo acelerado de sus existencias.
Con referencias explícitas a obras y autorxs como “La sociedad del cansancio” de Byung-Chul Han, “La intimidad como espectáculo” de Paula Sibilia o “Realismo capitalista” de Mark Fisher, “La generación cansada” encarna en sus protagonistas la necesidad de explicitar la pérdida de sentido y vinculación en este presente tan extraño, autoexplotando la ansiedad, la privacidad, el culto al físico, la automedicación, el sexo frenético o el frenesí descontrolado en las decisiones urgentes sobre problemas que ni siquiera comprendemos aún.
Así, con situaciones desopilantes, canciones en vivo, mucha inteligencia (Artificial también, pero sobre todo humana), contra toda solemnidad y con un ritmo que no decae ni un momento, Asensio expande una pieza coral irreverente que recoge sus reflexiones y las de lxs autorxs citados para acompañar con absurdo y desesperación la vertiginosidad con la que la humanidad se conduce voluntariamente hacia su propio abismo.
Entre los marcos filosóficos explícitos y sugeridos por la obra, ante a las circunstancias escénicas se vuelve imposible no evocar los “Primeros materiales para una Teoría de la Jovencita”, escritos y publicados en la primera década de este siglo por Tiqqun, el colectivo misterioso y filosófico francés que retoma las revueltas de las vanguardias históricas para denunciar y desarticular el proceso de explotación social cotidiano que transitamos a diario, y que tan claramente se revelan en la creación de Asensio.
Allí, donde “la jovencita” es el cuerpo abstracto, masivo y a la vez concreto que el capitalismo elije para explotar hasta las últimas consecuencias, Tiqqun no deja de perturbar con la lucidez de sus ironías y con la crudeza con la que exhibe el Lado B (que es realmente el Lado A) de la condición espectacularizada y postcapitalista humana: “La jovencita está en familia entre las mercancías, que son sus hermanas”, “Seduzca con utilidad. No se canse excitando a cualquiera”, “Sea usted misma (es ventajoso)” o los consejos siniestros de La Jovencita sobre “Todo lo que una puede hacer para reconciliarse con su imagen”.
Parafraseando irónicamente el “Diálogo de Cortesanas” y el “Manual de Urbanidad para jovencitas”, díptico literario del novelista erótico y poeta francés Pierre Louÿs, fallecido en la segunda década del siglo XX, Tiqqun y la obra de Asensio abren bruscamente los ojos de una sociedad enceguecida, que prefiere mirar hacia el exterior evitando todo contacto personal con las situaciones crudamente interiorizadas, disfrazadas de cotidianidad inocente, de normalidad.
Entre la irreverencia incómoda de Pierre Louÿs, y la incomodidad irreverente del borrado de los límites humanos-maquinales que explora Tiqqun para denunciar nuestra vida-show en la sociedad del espectáculo, Asensio monta un elenco que transita entre lo roto, lo patético y lo divertido en una carretera que conduce a los cuerpos por la era de la virtualidad y la híperexposición, terrenos en donde las identidades se tornan mercancía, la felicidad es un bien de consumo capitalista, el erotismo está filtrado por la pose tiktokera, el placer se vuelve un autómata de Tinder o Grindr y la satisfacción se nutre de la exhibición personal en las góndolas-pantallas del mercado, que nos atraviesan como un cuchillo desafilado en busca de más y más likes.
“La generación cansada” goza de una virtud que pocas obras pueden ostentar: genera un impacto profundo desde una batería de ópticas filosóficas, políticas e identitarias, a la vez que se permite divertir y entretener a un público que no para de reír y disfrutar durante una hora y algo. Aunque, inevitablemente, ese público no pueda escapar, tarde o temprano, a una reflexión incómoda sobre el verdadero sentido de esa risa.
Funciones: sábados a las 21:30 en el Teatro del Pueblo, Lavalle 3636.
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