
La modelo reflexionó sobre las distintas etapas de la maternidad y cómo cada hijo le planteó desafíos únicos en la crianza.
valeria Mazza volvió a mostrar su costado más íntimo al hablar de su familia, de su historia de amor con Alejandro Gravier y del desafío cotidiano que implica ser madre. La modelo reflexionó sobre los pilares que sostienen una relación de tantos años y explicó por qué, para ella, el amor no alcanza si no está acompañado por una decisión consciente. “Tenés que admirar a la persona que tenés al lado, quererla mucho, respetarla y también decidir todos los días”, expresó, convencida de que el vínculo se construye y se elige de manera permanente.
Valeria Mazza y el amor como una decisión que se renueva
Ese concepto, contó, se lo marcó incluso el papa Juan Pablo II, a quien conocieron al poco tiempo de haberse casado. Ante la pregunta sobre qué era el amor, él les respondió que no solo era un sentimiento, sino también una decisión. Desde entonces, Valeria siente que con Alejandro se “reeligen” cada día, incluso en medio de agendas intensas, viajes y ausencias temporales. Para ella, esas despedidas y reencuentros también fortalecieron el lazo, porque los obliga a volver a encontrarse y a valorarse en cada etapa.
La familia, asegura, es lo más importante. Y dentro de ese universo, la maternidad ocupa un lugar central. Valeria fue clara al decir que nadie está realmente preparado para educar a un hijo y que, muchas veces, uno reproduce lo que recibió, aun cuando intente cambiar aquello que no le gustó de su propia crianza. “Es el gran desafío de la vida”, definió, al explicar que ser madre es un aprendizaje constante, que también se nutre de la experiencia de otras mujeres y de la observación atenta de cada etapa.
Valeria Mazza y el desafío único de criar a cada hijo
Consultada por Maugeri sobre si le resultó más difícil criar a sus hijos varones o a su hija, Valeria sorprendió con una respuesta honesta: “Me fue más fácil criar a mis hijos varones que a Taína”. Sin embargo, aclaró que no se trata de una cuestión de género, sino de personalidades. Para ella, el verdadero desafío no es darles lo mismo a todos, sino ofrecerle a cada uno lo que necesita, respetando su individualidad. Cada hijo, explicó, plantea un camino distinto y exige una forma particular de acompañar.
En su caso, Taína representó un desafío mayor al principio, pero con el tiempo se convirtió en algo aún más profundo. Valeria Mazza recordó que muchas personas pensaban que seguía teniendo hijos hasta que naciera una mujer, pero en realidad ella solo buscaba agrandar la familia. Cuando llegó Taína, la alegría fue enorme, pero fue con el paso de los años que comprendió que había nacido su gran compañera de vida. Hoy, madre e hija comparten momentos que la modelo define como espectaculares, atravesados por complicidad, charlas y una conexión muy especial.
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