
Adoptar hábitos de vida saludables tras el descanso estival es clave para combatir el estrés acumulado y mejorar el bienestar físico y mental en el regreso laboral
El fin de las vacaciones y el reinicio de las actividades laborales suele ser para el cuerpo un período de alta exigencia: agendas intensas, poco descanso, alimentación desordenada y una sensación constante de urgencia. En ese contexto, el cortisol —la hormona del estrés— tiende a permanecer elevado, afectando el sueño, el ánimo, la piel y la energía general.
Sin embargo, volver «descansadas y renovadas» puede convertirse en una oportunidad concreta para empezar desde cero, reordenar el sistema nervioso, soltar la sobrecarga acumulada y preparar al cuerpo y la mente para un nuevo comienzo más equilibrado.
En esta guía, la Dra. Florencia Paniego, médica dermatóloga (MN 94.996) propone hábitos simples y sostenibles para encarar el nuevo año laboral con menos estrés y mejor calidad de vida.
Hábito # 1. Cenar temprano: marcar el final del día
Adelantar la cena permite completar la digestión antes del descanso nocturno. Comer tarde mantiene al organismo en estado de alerta metabólica y dificulta el descenso del cortisol. Una cena liviana y temprana ayuda a que el cuerpo entienda que el día terminó.
Hábito # 2. Dormir entre 7 y 8 horas: el verdadero reinicio
El descanso profundo es uno de los reguladores hormonales más importantes. Dormir poco o mal altera el ritmo circadiano y perpetúa el estrés. Priorizar el sueño en este período no es un lujo: es la base para comenzar el año laboral con mayor claridad mental y energía sostenida.
Hábito # 3. Caminar después de cenar: bajar revoluciones
Una caminata nocturna suave, luego de la ingesta, favorece la digestión, reduce la glucosa en sangre y ayuda a liberar la tensión acumulada del día. Es un gesto simple que acompaña la transición hacia el descanso.
Hábito # 4. Movimiento consciente y fortalecimiento muscular
El cuerpo necesita moverse, pero también sentirse sostenido. Actividades como pilates, yoga o ejercicios de fuerza suave ayudan a fortalecer la musculatura, mejorar la postura y generar estabilidad física. Un cuerpo fuerte y funcional responde mejor al estrés y regula con mayor eficacia el cortisol.
Hábito # 5. Meditación y yoga: preparar el terreno emocional
La meditación y el yoga activan neurotransmisores asociados al bienestar, como la serotonina y la dopamina, y estimulan el sistema parasimpático, responsable de la relajación profunda. Incorporarlas, incluso por pocos minutos diarios, ayuda a lograr mayor calma y mejorar el estado mental.
Hábito # 6. Hidratación por dentro y por fuera
La deshidratación es un factor silencioso de estrés para el organismo. Beber suficiente agua a lo largo del día favorece el equilibrio hormonal, la función cognitiva y la energía general. La hidratación externa también cumple un rol clave: una piel bien hidratada refuerza la barrera cutánea, reduce la sensibilidad y acompaña los procesos de regeneración que se activan durante el descanso.
Hábito # 7. Agradecer y orar
El acto de agradecer, ya sea a través de la oración, la reflexión o la escritura consciente, tiene un impacto directo sobre el sistema nervioso. Detenerse a reconocer lo vivido durante el día -lo aprendido, lo que fue sostén y también lo que se transformó-, ayuda a bajar la rumiación mental y a generar una sensación de calma y sentido.
Bajar el cortisol de manera natural no es una consigna pasajera ni una exigencia más. Es una forma de habitar el tiempo con menos urgencia y de transformarlo en un estilo de vida permanente.
ELLE ARGENTINA



