
La periodista Megan Murray precedió el viaje de Dua Lipa y Callum Turner por Italia y nos cuenta los secretos de su ruta de luna de miel y cómo recrearla este verano, sin necesitar el presupuesto de una estrella del pop.
No tengo muchas cosas en común con Dua Lipa; aparte de que a las dos nos encanta leer, yo no lleno estadios, no tengo un podcast aclamado por la crítica ni, hasta donde yo sé, el mundo entero se emociona cuando cuelgo una foto mía en bikini. Pero este verano, Dua y yo vamos a tener otra cosa en común: las vacaciones.
Cuando empezaron a circular por internet las primeras fotos de la luna de miel de Dua Lipa y Callum Turner, tuve la extraña sensación de estar viendo mi propia galería de fotos en el móvil. Eso es Sicilia; ahí está la costa de Roma; aquello es La Posta Vecchia, el palacio de color melocotón junto al mar con el que llevo años obsesionada, y esto, Porto Ercole, la pequeña ciudad portuaria de la Toscana en la que había acabado por casualidad solo unas semanas antes. Por pura coincidencia, había hecho la prueba piloto de la ruta de luna de miel más comentada del verano.
Cierto es que mi versión cuenta con menos modelitos de alta costura, menos yates y una noche en un ferry en la que mi novio fue poniéndose poco a poco verde por el mareo, pero la estructura del viaje fue sorprendentemente similar: Sicilia, la Costa Amalfitana, la costa de Roma, Porto Ercole y Roma.
Esta ruta increíble toca ciudades menos conocidas y hoteles exclusivos que los italianos más chic guardan en secreto; el tipo de road trip que solo un viajero con experiencia y con muy buen ojo conoce. Pues ya somos dos, Dua.
Planeé este viaje con mi novio en mayo porque quería ver más de la parte central de Italia, ahora que ya he visitado tanto el norte como el sur. Buscaba esa zona intermedia: los lugares por debajo de las bucólicas colinas de la Toscana y por encima del aroma a limón de la Costa Amalfitana.
Como periodista de viajes con debilidad por los hoteles centrados en el diseño, mi ruta giraba en gran medida en torno a los alojamientos, algo que parece que tengo en común con Dua. El plato principal, en mi caso, era La Posta Vecchia, parte del grupo Il Pelicano. Esta colección familiar de hoteles comenzó en los años 60 cuando un hombre italiano de negocios tomó las riendas de una preciosa propiedad en Porto Ercole, que antes había sido un punto de reunión de socialités, estilo Slim Aaron. Dua también parece ser consciente del atractivo de Il Pellicano, ya que durante su viaje se alojó tanto en La Posta Vecchia como en la primera propiedad de Porto Ercole.
Los viajeros (y los recién casados) eligen una y otra vez Italia por un motivo concreto: siempre quedan cosas nuevas por descubrir. El norte es completamente distinto del sur; Roma es la capital, pero ciudades como Florencia, Milán y Venecia también representan centros de cultura, moda y arte. Y nadie esconde sus tesoros secretos de la hospitalidad como los italianos.
Lo mejor de esta ruta es que se mantiene sobre todo en la línea de costa, de forma que transmite un aire de viaje directo, pero el paisaje cambia constantemente, y es perfecta para unas vacaciones de verano de dos semanas con todas las de la ley y a todo tren, pero también puedes hacer el itinerario para presupuestos ajustados, o, como fue mi caso, un poco de cada. Quédate y te cuento cómo recrear la luna de miel de Dua Lipa y mis consejos como experta sobre cómo aprovechar al máximo los destinos y alojamientos.
Palermo y Scopello
Palermo es una elección obvia: sucia, cruda y hermosa, no me sorprende que su atmósfera atrajera a Dua y Callum. Alójate en L’Hôtellerie y para comer no te pierdas I Segreti del Chiostro, una repostería escondida en un antiguo monasterio con jardín; Dal Barone, para probar vinos locales de manera casual en la calle, y Osteria dei Vespri, para una experiencia gastronómica más sofisticada.
Yo no me quedé en la propia Palermo; le había echado el ojo a un Airbnb único a una media hora en coche de la ciudad. Lo que fue una lonja de pescado en el siglo XIX, ahora una casa de huéspedes art nouveau,cuenta con interiores seleccionados a mano y una ubicación en la propia playa. No puedo recomendar lo suficiente que explores algunos de los pueblos que rodean Palermo, como Castellammare del Golfo, que cuenta con un imponente fuerte asomado al mar, reposterías de toda la vida, fruterías, carnicerías y restaurantes junto al mar.
Scopello es otra parada imprescindible: su museo del atún y su idílica cala han causado sensación en Instagram, pero es uno de esos extraños casos en los que la parada de verdad merece la pena. La entrada cuesta 15€ y te da acceso a la cala, las zonas para tomar el sol, la cafetería y el bar durante el día. Es preciosa a la forma siciliana: rocosa, soleada, dramática y con el punto justo de inconveniencia para que al llegar sientas cómo te inunda el alivio.
Ferry a Nápoles
Puedes subir por la bota en coche, pero nosotros cogimos un ferry nocturno para ahorrar tiempo y dinero. No fue exactamente la noche más glamourosa del viaje, ni formó parte del itinerario de Dua Lipa pasar el rato comiendo patatas fritas de bolsa en el camarote mientras su acompañante vomitaba, pero no por eso es una mala elección para tu viaje.
Hay ferris todos los días, y nosotros nos subimos al nuestro a eso de las 20.00, y llegamos a Nápoles en torno a las 7.00. Reservamos solo unos pocos días antes, y los precios van desde los 30€ sin camarote (aunque mi consejo es que no pongas tan a prueba la fortaleza de tu relación y de tu espalda) a unos 150€ por camarotes prémium para dos personas con baño ensuite. Dado que cubre el viaje de ambos, no sale nada mal de precio.
Costa Amalfitana
No hace falta que yo cante las alabanzas de la Costa Amalfitana, pero precisamente por eso es posible que la encuentres un poco masificada durante una visita veraniega. Si buscas un lugar desde el que disfrutar de ese panorama y a la vez disfrutar de carácter y autenticidad, reserva un par de noches en Monastero Santa Rosa.
Escondido en el pueblo pesquero de Conca dei Marini, este monasterio del siglo XVII reimagina lo que fue en su momento el hogar de monjas que se afanaban en preparar sus icónicas pastas rellenas de crema. Hoy es una extensión de techos en arco, muros de piedra y terrazas que baja por la colina hacia el mar y te sumerge en la fantasía amalfitana sin la ansiedad de estar apartándote todo el rato del fondo de la foto de pedida de alguna parejita.
Costa de Roma
Con tantas costas, calas y pueblos pesqueros entre los que escoger, la costa del Lacio no suele ser el primer destino en el que piensas para una escapada playera; eso queda para los entendidos. Desde Amalfi hay unas cuatro horas de viaje, así que alquila un coche y llena el trayecto de vistas marinas, cafeterías de carretera y esa emoción particular de recorrer las estrechas carreteras italianas con el corazón desbocado.
Aquí te esperan Ladispoli, una ciudad pequeña pero antigua considerada un tesoro secreto hasta entre los italianos. No es lo que se dice vibrante, pero los amantes de la historia disfrutarán de la visita del Castello di Odescalchi y de Borgo di Ceri, un pueblo del siglo XIII conservado en lo alto de una colina con un puñado de restaurantes locales.
Pero el auténtico reclamo es La Posta Vecchia: puede que ya tengas este hotel alojado en algún lugar de tu subconsciente gracias a sus icónicas sombrillas amarillas y a su piscina cubierta abovedada, pero hay que venir para entender de verdad lo que de verdad significa este lugar.
La Posta Vecchia fue en su momento el escondite en Roma de J. Paul Getty, el magnate americano del petróleo, millonario y coleccionista de artefactos italianos. Después de que la familia Sciò tomara las riendas de la propiedad en los 70, muchas de sus antigüedades siguieron donde estaban, lo que ha resultado en una majestuosa casona en la que puedes curiosear las librerías, acurrucarte en los sofás y fingir durante un rato que esta es tu vida.
Todas las habitaciones son únicas, y a menudo maravillosamente excéntricas. Yo me quedé en la Red Suite, con su enorme dosel estampado sobre la cama y un baño gigantesco con bañera hundida y una silla antigua en la que me daba un poco de miedo sentarme. Dua se habría alojado, cómo no, en la Suite Medici, reconocible por su bañera de mármol rosa.
La mayoría de huéspedes pasan el rato en el exterior, junto a la piscina. La Posta Vecchia es la dolce vita hecha hotel: me encantan las elegantes chaquetas rojas de los camareros, el café servido en tazas Ginori rosas y la bandeja de plata en la que te presentan el desayuno. Tiene un tamaño boutique, así que nunca hay demasiada gente alojada a la vez, y durante nuestra estancia la mayoría de huéspedes eran italianos. En definitiva, un sueño.

Condé Nast Traveler



