
En una nueva columna de “Historias para llevar”, la psicóloga María Luz Macías reflexionó sobre la dificultad de pedir ayuda, la necesidad de poner límites y los mandatos sociales que llevan a muchas personas a priorizar siempre a los demás. Los testimonios de los oyentes expusieron el desgaste emocional que puede generar la exigencia de poder con todo.
La conversación también giró en torno a la culpa que aparece al establecer límites y al temor de que los vínculos se deterioren ante una negativa. “La primera emoción que aparece es culpa cuando digo que no”, señaló la psicóloga, quien destacó que aprender a elegir cuándo ayudar y cuándo priorizarse es fundamental para la salud mental.
A través de mensajes y audios, los oyentes compartieron experiencias de agotamiento, responsabilidades familiares y amistades que se alejaron cuando dejaron de recibir respuestas afirmativas. Frente a estos testimonios, Macías sostuvo que “los seres sociales necesitamos del otro” y subrayó la importancia de aprender a delegar y expresar lo que uno necesita.
Además, la profesional hizo hincapié en los mandatos de género que históricamente asignaron a las mujeres la responsabilidad de sostener el hogar, cuidar a los hijos y responder a múltiples exigencias. También recordó que las tareas domésticas y de crianza deben compartirse, en lugar de entenderse como obligaciones exclusivas de una persona.
Durante la columna, varios oyentes se identificaron con la problemática y compartieron experiencias personales. Una de ellas contó que, después de pasar años diciendo que sí a todo, logró aprender a poner límites: “Cuando empezaste a decir que no, empezás a ver a la gente que se te aleja, pero se vive más tranquilo”.
Otra oyente relató las dificultades de asumir sola las responsabilidades familiares y reconoció: “Hace más de un año que digo: ‘Ay, ¿y yo para cuándo?’”. En su testimonio, contó que le tocó ser madre y padre de ocho hijos y que muchas veces siente que no puede permitirse bajar los brazos.
Como cierre, propuso un ejercicio concreto para comenzar a modificar estos hábitos: “Piensen qué pueden, a partir de hoy, decirle que no. Chiquito, una cosita mínima”. La idea, explicó, es empezar por situaciones cotidianas para avanzar gradualmente hacia relaciones más equilibradas y saludables.
La reflexión dejó un mensaje central: aprender a poner límites no significa dejar de estar para los demás, sino reconocer que el propio bienestar también merece un lugar.



