Salud

Cuando el amor se convierte en migajas: por qué algunas personas se conforman con recibir cada vez menos

La psicóloga María Luz Macías analizó en Lado B, por qué algunas personas sostienen vínculos en los que reciben afecto de manera intermitente y terminan conformándose con “migajas” emocionales.

Hay relaciones que no terminan, pero tampoco hacen sentir querido. Son vínculos sostenidos por pequeñas dosis de atención, mensajes ocasionales, gestos mínimos o momentos de cercanía que alcanzan para mantener viva una expectativa. A esa dinámica se la conoce popularmente como “mendigar amor” o conformarse con “migajas”.

El tema fue analizado por la psicóloga María Luz Macías junto a Manu Merlo en la columna “Psicología para llevar”, dentro de Lado B. La profesional puso el foco en aquellas relaciones que se mantienen a pesar de que una de las partes siente que recibe mucho menos de lo que necesita.

¿Qué significa recibir “migajas” de afecto?

Macías explicó que no se trata simplemente de recibir menos mensajes o menos demostraciones de cariño, sino de una dinámica en la que una persona empieza a aceptar mínimos niveles de atención como si fueran suficientes.

El problema aparece cuando esas pequeñas muestras de afecto generan la expectativa de que el vínculo puede transformarse en algo más estable. Un mensaje después de varios días, una invitación inesperada o una muestra de interés pueden funcionar como refuerzo para continuar dentro de una relación que, en términos generales, genera más incertidumbre que bienestar.

En ese sentido, la persona no necesariamente permanece porque esté satisfecha con el vínculo, sino porque conserva la esperanza de que en algún momento la situación cambie.

El peligro de acostumbrarse a recibir poco

Uno de los puntos centrales del análisis fue la naturalización de esos comportamientos. Cuando una persona se acostumbra a recibir poco, puede empezar a modificar sus propias expectativas para justificar la permanencia en la relación.

Así, lo que inicialmente era considerado insuficiente puede terminar percibiéndose como “algo”. El vínculo se sostiene entonces sobre momentos puntuales de conexión y no necesariamente sobre una reciprocidad constante.

La dinámica también puede generar una búsqueda permanente de señales: interpretar un mensaje, esperar una respuesta, analizar un cambio de actitud o intentar descubrir qué significa cada gesto.

Cuando esperar se convierte en parte del vínculo

Las relaciones basadas en la incertidumbre pueden generar un ciclo difícil de romper. La ausencia de atención provoca malestar, pero cuando finalmente aparece una muestra de afecto, esa sensación negativa disminuye y vuelve a instalarse la esperanza.

De esta manera, la persona puede terminar esperando nuevamente esa próxima “migaja” para sentirse validada.

Macías planteó la importancia de observar qué lugar ocupa cada integrante dentro del vínculo y, sobre todo, qué ocurre con las propias necesidades cuando la relación se sostiene únicamente a partir de lo que el otro está dispuesto a ofrecer.

La pregunta, en esos casos, deja de ser solamente si existe amor y pasa a ser qué tipo de relación se está construyendo con ese amor.

No siempre es fácil reconocerlo

La psicóloga también permitió poner el foco en una dificultad frecuente: reconocer que una relación no está siendo recíproca puede ser mucho más complejo cuando existen sentimientos.

No alcanza con saber racionalmente que algo no funciona. Las expectativas, el apego y los momentos positivos pueden hacer que una persona permanezca vinculada incluso cuando el vínculo ya no responde a sus necesidades emocionales.

Por eso, identificar las “migajas” no implica juzgar a quien permanece en ese lugar, sino comprender qué necesidades, expectativas y patrones están sosteniendo esa relación.

La reflexión de Macías en “Lado B” apuntó justamente a eso: no confundir una pequeña muestra de afecto con una relación afectiva completa. Porque cuando recibir poco se convierte en la norma, el problema ya no es solamente cuánto da el otro, sino cuánto se está dispuesto a aceptar a cambio de no perder el vínculo.

LADO B

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